Minas y taladros

septiembre 1, 2010

Tengo un amigo que trabaja en una mina, a 100 metros de profundidad y como a 200 metros dentro del cerro. Lo imagino batiendo máquinas, aunque su labor es algo más ejecutiva. No es uno de los 33, pero es igual de diminuto e impotente y le tiene un respeto al desierto como le tienen todos aquellos que se han metido en esos pasajes subterráneos. Pienso en mi amigo y en los 33 y no puedo dejar de sentir pequeñez e impotencia y cierta convicción en la persistencia del desierto más allá de la tragedia humana. Como el mar o los hielos, las dunas tienen algo de imperturbables, no importa cuánta máquina metamos para taladrarlas.

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