Osos filosóficos

marzo 26, 2008

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Hay osos poéticos y filósofos; tristes, paranoicos, miedosos, teatreros, silenciosos y emotivos.

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7 comentarios to “Osos filosóficos”

  1. Lolita Says:

    Y algunos que terminan polvorientos, en algún sotano, ático o baúl de los juguetes… Seroso debe ser lo más triste de este mundo…

  2. gab Says:

    Luciano, el menor de mis hijos, heredó la misma bella manía de su hermano mayor: dormir con sus monos de peluche…
    vacas, perros, caballos, jirafas y osos… anoche durmió con seis…
    esta mañana apareció en mi cama con todos apretujados en sus pequeños brazos de casi tres años…
    Con él he constatado que el estado de ánimo se asocia a un determinado mono, entonces si está enojado aparece con la vaca y el perro negro… si está enternecido toma sus perritos blancos (unos perfectos gemelos) si me viene a besar entonces toma a su perro regalón… el que compré embarazada de él, un día de abril en que entré a una tienda, divisé al perrito y Luciano giró en 360 grados dentro de mi…


  3. Gab, preciosa tu historia. La Sofía usa un tuto, viejo y asqueroso, para escapar de todos sus temores. Me pregunto cuál será la extensión adulta, qué usaremos los más viejos para escapar de nuestros fantasmas.
    Un abrazo

    Lolita, recuerdo uno en especial que abrazaba cuando tenía como seis años. No tenía oreja, le faltaba un ojo y el relleno se le salía por el hoyo de una pata, pero no podía dejar de dormir con él.

  4. Cyn Says:

    Es raro imaginarte con osos… pero haré un esfuerzo.
    Yo hace poco regalé casi todos mis peluches y sólo dejé algunos de los más significativos, aquellos que van dejando huellas en la vida…


  5. Pero tu estas como los osos?

    Si es así, tómate esto: “canción de amor propio – de Ismael Serrano” ;)

    Un saludete desde Valencia!

  6. Made Says:

    Era beige, no muy suave, pero estuvo conmigo desde que recuerdo. Quizás desde la cuna. Casi inseparables. Le pasó de todo, se embarró, se bañó en leche, se le raspó la cola y un ojo le quedó colgando. Así y todo, se iba conmigo todas las noches a mi cama y creo que peleaba sendas batallas cuando se me ocurría invitar a otros peluches a pernoctar conmigo, porque siempre aparecía a mi lado, mientras el resto de rostros peludos y sonrientes nos miraba con recelo desde el suelo. Ese oso de peluche era mi apoyo, mi respaldo para lograr muchas cosas. Recuerdo que fue clave para ir al jardín o para trepar hasta el tope del olivo de mi casa. Cuando estuve más grande lo bañé, lo remendé y lo guardé en una caja. Una Navidad decidí regalar todos mis peluches a niños que no tuvieran un juguete. No pude deshacerme de él y ahí está en la casa de mi mamá. Lo pienso ahora y me pregunto por qué ahora no le tengo un lugar en mi departamento. Negar su existencia es como cerrar los ojos a la niña que fui, algo torpe, algo extraña, algo solitaria y amiga entrañable de ese osito peludo al que nunca le puse un nombre.


  7. Buenísimos estos osos filósofos.. me identifico con el que lamenta la incomprensión.. jeje..


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