Las marcas de la violencia

julio 17, 2007

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Creo que es casi inevitable la violencia. Cuando pequeño, quizás tenía seis años, salí a un sitio eriazo junto a mi casa para terminar a golpes una disputa con un amigo. Desde entonces, he confinado la violencia a determinados pensamientos, pero a veces me sorprende lo gráficas y extremas que pueden llegar a ser esas imágenes. Me acordé del tema el domingo, después de ver “Cartas desde Iwo Jima“, que muestra cómo quedamos atrapados en la red de la guerra y la lógica de la violencia, pese a nuestras convicciones personales. Mucho de esa lógica autoreferente queda expuesta también en un reportaje que publica Radar sobre cómo las pandillas norteamericanas han infiltrado a las tropas en Iraq. Alguien hace mucho tiempo trazó una delgada división entre un tipo de violencia y el otro. Entre la matanza ilegal y la aceptada. Entre las bajas de guerra (los nombres bajo la consigna del daño colateral) y el homicidio. El caso de los pandilleros infiltrados en el ejército me convence de que esa línea siempre es arbitraria y muchas veces invisible.

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Una respuesta to “Las marcas de la violencia”


  1. …Y es tan inherente al ser humano como otros sentires (como la solidaridad, la búsqueda de placer o la empatía)… ¿Se puede hacer algo con un estímulo que surge desde la animalidad misma, cada vez menos domesticable?…


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