El caso Stokke

mayo 29, 2007

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Ella es Allison Stokke, una joven norteamericana de 18 años, que compite regularmente en el salto con garrocha, para quien internet se ha transformado en una maldición. La edición digital de El País publica este interesante artículo sobre su caso: “Esta estudiante californiana es una estrella del sitio de vídeos en Internet YouTube, tiene una página web de fans con más de 1.000 personas inscritas y más de medio millón de resultados si se busca su nombre en Google. ¿Qué ha hecho para merecer esa fama? Nada. O al menos nada voluntario”. La chica es atractiva y la mitad de los resultados corresponde a blogs con fotos de jóvenes deportistas o estrellas de cine en poca ropa. Stokke ya pidió consejo legal sobre su caso y su padre, un abogado, está atento a cualquier insinuación extraña. Pero la vida de la joven nunca volverá a la normalidad. Abandonó el anonimato de forma violenta e involuntaria, se transformó en una víctima de esa virulencia on line que todo lo transforma en farándula, deberá vivir con la intromisión permanente en su vida privada y el estigma de no ser valorada más allá de su imagen, dejándonos a varios con la pregunta de si comenzamos una época en que, incluso sobre las personas comunes y corrientes, pende una espada lista para cercenar la vida privada ante el primer interés de los internautas. Preguntemos en un año más qué pasó con Allison Stokke.

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5 comentarios to “El caso Stokke”


  1. pero si Warhol tenía razón… en el futuro, todos tendrán sus 15 minutos de fama. Y no distinguió si ibas a querer tenerlos o no. Todos.


  2. Espero que jamás deba caerme esa espada de Democles.. pese a que a veces he podido presentirla al escuchar mi voz en taxis, colectivos y buses…gracias a la divinidad, el sentido primario de nuestra especie es la vista… Nada como el anonimato.

  3. Made Says:

    Me acordé de Sliver, inevitablemente. Una mujer -interpretada por Sharon Stone en sus mejores tiempos- que acaba de terminar su matrimonio, decide reiniciar su vida mudándose a un “Sliver” (como se le conoce a los altos edificios de apartamentos de Nueva York). Ya instalada, se convierte en blanco del dueño del edificio, un voyeurista con un sofisticado sistema de video instalado en todos los departamentos, por medio del cual conoce en detalle la vida intima de todos los que ahí viven…una invasión a la privacidad, como en este caso. Un peligro potencial que crece con el acceso a la tecnología y que va de la mano de un creciente morbo asociado al interés por conocer la intimidad del otro, cualquiera, la tuya, la mía, la del vecino…
    Y la sensación es de exposición, de indefensión, de animal de observatorio, que se experimenta al ver una cámara en algún edificio, al recibir un llamado de alguien al que nunca le diste tu número, al abrir una carta de una entidad a la que jamás entregaste tu dirección y hasta al dar con una fotografía que nunca supiste quién tomó, cuándo, dónde y en qué circunstancias…no se a cuántos les ha pasado, pero la posibilidad existe y eso produce algo parecido a la paranoia..en los peores casos, claro está.
    Qué hay de atractivo en inmiscuirse en la vida íntima de otro? No ser parte de ella, sino ser testigo mudo o quizás sólo disfrutar de algo que está prohibido y que no se ajusta a las exigencias de vivir en sociedad…


  4. buena película esa… era como de lo más subidito de tono que se podía ver a los 14 años.

  5. Nieminem Says:

    Que engorde y listo, nadie va a volver a molestarla.


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